lunes, 26 de marzo de 2018

Crímenes de lesa humanidad / Notas bibliográficas III



17    ¡Que viva la muerte! Ese grito legionario ha marcado el paso de la destrucción bélica en la historia universal y sumido en el dolor a muchísimos seres humanos. Si la guerra es de suyo incomprensible en los seres racionales, con más razón lo es en el caso de la guerra civil habida entre compatriotas.
     En Filosofía se ha distinguido la guerra del asesinato porque la primera es contra Estados; pero la guerra civil es contra compatriotas y hasta enfrenta padres e hijos y hermanos: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil” (Cicerón). Es mejor un rearme moral y evitar que lamentar. El hervor del odio propicia el éxito de quienes instigan a masacres fratricidas. Los peores de la raza (Gogol sitúa a los persecutores en la lista de las Almas muertas) son estos protervos inductores: cuando truena el primer tiro se esconden; pero siembran con cizaña y lágrimas la historia y dejan una estela de luto y dolor en las naciones que hacen sangrar a cuatro arterias.
    Los pueblos, sobre todo en los que haya proclividad a la guerra, deben elevarse a no caer en provocaciones y a instaurar la paz.
     Un patético ejemplo, muy cercano a los suramericanos por referirse a la madre patria, tiene que ver con su pavorosa guerra civil. Ésta implicó tántos horrores que hay cerca de veinte mil libros al respecto pese a que, por ejemplo, el bombardeo de Guernica (por parte de la Legión Cóndor del nazismo que apoyaba a la insurrección contra la República), en comparación con el de Hiroshima y otros, se ha visto (Carr) como apenas un acto de vandalismo. Pero resulta que fue la primera destrucción total (22.000 kgs. de bombas) de un objetivo civil muy alejado del frente, indefenso y no comprometido, lo cual es un acto terrorista abominado por el Derecho Penal humanitario. (Según Times los cazas ametrallaron a la población civil que buscaba refugio). Así que tal guerra fratricida impactó la conciencia europea y mundial no sólo por lo cruenta, sino por ser el presagio de la horrible forma de guerra moderna que sobrevendría en escala universal. Y condenó a España al ostracismo internacional por casi cuarenta años, hasta que por fin fue admitida en la Comunidad Económica Europea.
    ¡Mueran los intelectuales! gritó Millán Astray (fundador de la Legión Extranjera española y jefe de Prensa de Franco) al ilustre Unamuno, cuando éste le reclamó que arengara a los circunstantes (en un acto académico en la Universidad de Salamanca) con aquel grito de “¡Viva la muerte!”. Unamuno le replicó con la famosa frase “Venceréis pero no convenceréis”. (Pero mataron a Lorca y la Universidad de Madrid fue bombardeada por aviones nazis). Se destituyó a Unamuno de la rectoría de la Universidad (lo que provocó encendidas protestas de su formidable adversario intelectual Ortega y Gasset) y esa “formidable potencia humana” (así lo llamó Ortega) murió bajo arresto domiciliario.
     Es una enorme banalidad el de distinguir a los enfrentados entre “buenos” y “malos”. Además se cae en aberraciones como las de condenar al terrorismo si es de izquierda, pero hacer su apología si es de la derecha o viceversa. Y se discute a rabiar si la derecha ha matado más gente que la izquierda. Lo cierto es que ambas han causado mucho dolor con los más atroces crímenes y que la humanidad debe impedir el ser azuzada por facciones políticas a la guerra. Los atizadores de la hostilidad en España llegaron a proponer (Millán Astray) el fusilamiento de los periodistas extranjeros. Y hasta el Cardenal Segura llamó a los católicos a tomar las armas contra los republicanos por “destructores de la religión” (¡Diderot!), a lo que ripostó el ministro de Guerra (Azaña) con que “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”. (El Carlismo creyó en una teocracia cuyo gobierno terreno debe recaer en sacerdotes guerreros y creó el “requeté” o milicia fanática que recibía instrucción militar en la Italia de Mussolini y pese al bochorno o “espantada italiana” -“The Italian Skedaddle”, por George de Guadalajara-). Incluso (informó Associated Press) se culpó al servicio de alcantarillado para los más pobres de la guerra, porque “Si no tuviéramos cloacas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos esos líderes rojos hubieran muerto de niños, en vez de excitar al populacho”. La consigna “¡No pasarán!” (coreada por el pueblo madrileño y hecha famosa por los franceses en 1916) debería la humanidad usarla para rechazar a los azuzadores. Alejandro Angulo Fontiveros, El Universal,  7-6-2002, 2-10.
18     JIMÉNEZ (464):  O.c., II, 1176 s.
19    El ejemplo enseña.
20     Si el terrorismo se debe a móviles no solamente políticos sino también sociales, económicos, raciales o religiosos, pudiera ser cometido así mismo por razones diferentes a las de ir en contra del Estado “in se”: verbigracia los ataques terroristas hechos en Irlanda o el Reino Unido por móviles religiosos en conexión con el enfrentamiento entre protestantes y católicos, cuyos respectivos grupos sufren agresiones entre sí. En muchas ocasiones tales ataques no se dirigen contra el Estado directamente. Y por móviles económicos se ha sabido, valga como ejemplo, de bombas colocadas y detonadas en sitios públicos para crear pánico y unas determinadas condiciones económicas favorables a los intereses de quienes cometieron o alentaron dichos actos terroristas.
21    Tomado de mi artículo “Del latín ‘terroris’ ”, EL UNIVERSAL, 28-9-2001, 2-10.
22    GÓMEZ LÓPEZ: O.c., 359 ss.
23    Id., 365 s.
24  Esto escribió JIMÉNEZ DE ASÚA: “Los comentarios de Donnedieu de Vabres. –Dejemos aquel aspecto anecdótico del problema para fijarnos en asunto de más monta. El desenlace jurídico lo constituye la sentencia. Nadie ha hablado de ella con más autoridad que H. Donnedieu de Vabres, profesor de nuestra disciplina en la Universidad de París y juez, en representación de Francia, en el Tribunal militar internacional que condenó a los jerarcas nazis. Recordemos, ante todo, que desde los primeros tomos del ‘Proceso de los grandes criminales de guerra’ (cit. en la Bibl. de este apartado), queda documentada la constante intervención de tan eximio jurista, contra los jueces y fiscales norteamericanos y soviéticos, en defensa del Derecho y de los reos. Sus críticas a la monstruosa figura de Conspiracy –tan grata al simplismo de Jakcson- fueron definitivas. Todo el curso de Doctorado en la Universidad parisiense, correspondiente al período 1946-1947 lo dedicó el catedrático francés al Proceso de Nuremberg. Sobre él ha hecho el 27 de febrero de 1947, una interesante disertación en la “Conférence du Jeune Barreau” de Bruselas, cuyas notas ha publicado luego la Revista de Derecho penal y de Criminología que se imprime en Bélgica. Tras de ocuparse del aspecto procesal, a que luego aludiremos en el enfoque crítico, Donnedieu de Vabres se refiere a la ‘vasta importancia’ de la sentencia porque a más de referirse a los acusados, formula ‘cierto número de principios de Derecho internacional (Filosofía del Derecho) que interesan para el porvenir’. (JIMÉNEZ: O.c: 1246 s).


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