lunes, 26 de marzo de 2018

Crímenes de lesa humanidad / Notas bibliográficas VIII


52    Los juristas chilenos KARIN POO CONCHA y EDGARDO LOVERA RIQUELME, en un importante trabajo intitulado “El Tribunal Penal Internacional, procedimiento y comentarios”, consideran que el terrorismo y el narcotráfico deberían incluirse dentro de la competencia de dicho tribunal internacional (no tiene fecha; pero la dirección es coladic_chile.tripod.cl/home). En la misma conferencia mencionada en el texto y poco después de esta nota bibliográfica, el representante de la Cruz Roja Internacional, BRUNO DOPPLER, expresó: “...algunos países cercanos, me refiero a los países del CARICON, lamentaron mucho que no se contemplaran en la jurisdicción del tribunal penal internacional (sic), los crímenes del tráfico de drogas y de terrorismo, a la luz de los sucesos del 11 de septiembre. Efectivamente se justifica la pregunta, sobre todo en relación con el terrorismo internacional; sea como fuere, el Estatuto de Roma es un hito en el desarrollo internacional del derecho internacional público”.
53    Guerrero griego, héroe de la guerra de Troya, célebre por la potencia de su voz (según el Diccionario Larousse).
54    En JIMÉNEZ DE ASÚA se hallan documentados comentarios al respecto.
55    Y en todo caso lo ideal hubiera sido (aunque durante la inminente invasión se hallen depósitos ocultos con esas armas atómicas) recurrir al desarme pacífico de Irak a través de las NN.UU. y sus inspectores u otros mecanismos. Y recurrir todo el orbe a un rearme moral.
56     JESCHECK: O.c., 165.
57    Aunque fuere muy negativa, siempre será preferible a lo que refirió MARX de una obra suya que no publicó: dijo que la había sometido “a la crítica de los roedores”. Y más todavía a dejar las ideas “in péctore”.
58    La frase completa es: “Esta incapacidad de sentirse cada cual herido en la herida del prójimo, hace que todo sea  posible en España”. ORTEGA Y GASSET (2 94 ): 664.
59    Creo válido reproducir el artículo mío “¡Que viva la guerra!”, publicado el 15/3/2002 en El Universal: “Sólo seres humanos la hacen desde tiempos inmemoriales. No se conoce entre animales la costumbre de agredirse entre sí en grupos organizados al efecto. Entiendo que únicamente hay ese fenómeno en algún tipo de hormigas muy belicosas. ¿Cuáles son los motivos de que los hombres estén infeccionados del germen de su propia destrucción y se alineen al efecto?
Religión, poder y sexo. Un misántropo ardía por vengarse de sus congéneres, según Diderot (Adiciones Filosóficas, LXXIV) y al fin dio con la clave: ¡Dios!, gritó. Y desde entonces se matan los hombres en su nombre. (¡Qué valiosa labor del sacerdocio que no azuza sino pacifica!). Muchos anhelan el poder económico y político (menudean ejemplos y coincidencias). La avidez excesiva de dinero causa la mayoría de los crímenes. El avaro, decía Molière, de todos los humanos es el menos humano. En política opera la mezquindad como causa de las mayores vilezas. La pasión amorosa muchas veces degenera en celos o uno de los sentimientos más destructivos: a la brama del sexo se añade la envidia u odio por los exitosos, cuya expresión mayor es la del eunuco contra el que sí puede gozar. “Hay ‘amores’ que matan” y lo prueban innúmeros homicidios.
El Derecho Penal castiga los efectos de la violencia originada en esa tríada de causas y, al reducirla, garantiza la convivencia. Muchos desatarían guerras planetarias; pero sólo pueden instigar batallas “domésticas” que, sin embargo, tienen el efecto diabólico de la desunión (Satanás, en su raíz etimológica, es “el que separa”). Tal agresividad (legítima si se usa en defensa) debe descargarse por el cauce legal: los difamadores, por ejemplo, provocan reacciones violentas; mas no hay que agredirlos con la fuerza física, sino con la de la ley. Pero cuando los jueces no hacen justicia y atrasan la sociedad al estado salvaje de que cada quien se defienda solo, las personas y pueblos la toman por mano propia.  
¡Que viva la guerra! corean en la ópera La forza del destino; pero el ideal civilizado sólo quiere la guerra en los estrados y con las armas legales. Actúese con arreglo a Derecho. La democracia es la libertad limitada por la ley: Legum servi summus ut liberi esse possumus o Somos siervos de las leyes para poder ser libres (Cicerón). Las reglas democráticas son obligatorias y sólo son modificables por los procedimientos establecidos, que excluyen el uso de la fuerza o la denominada por los griegos jeirocracia (política de violencia). Incluso la objeción de conciencia está condicionada a que no se afecte el bien común. Hay que obedecer las reglas aceptadas por consenso. Es inicuo aceptar los beneficios de la democracia y no respetarla (Rawls y Peces). En Filosofía se ha distinguido la guerra del asesinato porque la primera es contra Estados; pero la guerra civil es contra compatriotas y hasta enfrenta padres e hijos y hermanos: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil” (Cicerón). Es mejor un rearme moral y evitar que lamentar. El hervor del odio propicia el éxito de quienes instigan a masacres fratricidas. Los peores de la raza (Gogol sitúa a los persecutores en la lista de las Almas muertas) son estos protervos inductores: cuando truena el primer tiro se esconden; pero siembran con cizaña y lágrimas la historia y dejan una estela de luto y dolor en las naciones que hacen sangrar a cuatro arterias.
Los pueblos, sobre todo en los que haya proclividad a la guerra, deben elevarse a no caer en provocaciones y a instaurar la paz”.
60     Yo quiero tener fe en la razón.

61    Estoy casi cierto de que esto, o sea, que un país declare una guerra contra el Consejo de Seguridad de las NN.UU., es bastante inusual.

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